martes, 10 de junio de 2014

Blues de hielo

Mi cama es  continuamente invierno
desde que sabe que no vas a volver
mis huesos; hielo y escarcha.
Mi piel se mantiene clara: como amaneceres en abril.

La vida se me apaga,
mi guitarra llora cuando mezclo el Fa menor y el Si.
Amelie y Juno esperan enjauladas en estanterías lacadas made in Ikea
estanterías que mas que blancas son color gris.

Prometí no enamorarme, pero no cumplo mis promesas
tuve el mejor maestro; aprendí de ti
prometiste ser Bleeker, ser Nino, y sólo fuiste una voz en off en Berlín

 

viernes, 6 de junio de 2014

Amor es el juego

El amor...el amor, señores, es tan efímero como el vaho del café de las mañanas; una mañana empaña el cristal de tus gafas, y a la siguiente decide fundirse con los días raros.
 
El amor, ya lo dijo Sabina, es un juego en el que dos enamorados juegan a hacerse daño (mucho daño), algo de lo que se habla y  divaga más que la religión, porque es precisamente una religión y un dogma universal, ya sea en forma de amour, love, amore o amor. Adornamos el querer y el amor con prequereres cogidos de diálogos de Quim Gutiérrez en Primos, cuando en realidad tenemos la absoluta certeza de que queremos, queremos sin explicación alguna de la natura y lógicamente nos da miedo ponernos a declarar que un solo sentimiento puede tambalear nuestra integridad y el estado de bienestar personal. Bien, que lo neguemos no quita el problema.  El amor tambalea nuestro mundo cada vez que llama a la puerta 1,2,3,4 ... hasta centenares de veces y, aunque nos haga sufrir, lo deseamos y siempre lo desearemos.
 
Nos levantamos por la mañana, nos lavamos la cara y nos vemos solos delante del espejo; nos falta algo y sabemos lo que es...hasta que lo tienes y te ahogas lavándote la cara de puto y desesperante amor al que quieres y odias a la vez.
 
 
Una amiga mía me dijo una vez que quien quiere menos sufre menos y disfruta más, llamadme tonta, pero yo siempre he sido de las que quieren y sufren más.
 
 
 

martes, 6 de mayo de 2014

Prequerer, por Daniel Sánchez Arévalo.

Me voy a comer este sobao. ¿Es el primero que se cruzó en mi camino?. Sí. Pero antes de cogerlo he barajado otros sobaos y este, es sin duda el que más me gusta. Por eso me lo voy a comer, porque tengo hambre. Hambre de muchas cosas, pero me lo voy a comer despacio. Y lo más importante es que es una decisión mía, sólo mía. La primera que tomo en varios días, la primera, pero no la última. Desayunar, no es tan fácil cómo parece.