domingo, 15 de diciembre de 2013

Mi Tesis, gracias Alejandro



La ignorancia y el poco interés por aprender, son cosas que siempre consiguen sacarme de quicio, pero... mas aún si hablamos del poco interés por arte en estado puro. 
Ayer, vi la película Tésis del
cineasta chileno-español Alejandro Amenábar. Muchos pensarán guiados por tópicos totalmente falsos que fue "otra mierda de película española", pero si gozaran de un mínimo de curiosidad, comprenderían que Tésis, por cierto primer largometraje de Amenábar, es uno de los principales films de culto españoles ganadora además de  7 premios Goya de ocho a los que estaba nominada. Pero no me voy a centrar en los premios, sino que  voy a cómo me hizo sentirme... Tesis me sumergió a un mundo paralelo desde el min 0.1 cuando la pantalla todavía estaba negra y sólo había murmullos y curiosidad absoluta. Me hizo sentir el miedo y el desconcierto de la protagonista, y quedarme boqueabierta frente a la pantalla del ordenador sin apartar la vista en ningún momento ( ni siquiera cuando Eduardo Noriega sacaba la navaja del pantalón susurrando "te voy a matar"y deleitaba al público con una cara de demencia escalofriante, que me recordó no sé porqué al brillante Anthony Hopkins en el Silencio de los Corderos).

Si me dejase llevar por la mayoría de las opiniones que veo alrededor de mi entorno, nunca hubiera tenido el gran placer de ver la mayoría de mis películas favoritas, algunas de ellas sí, españolas. Para los que tengáis curiosidad por este arte supremo que yo llamo cine, dejo estos títulos que seguramente os hagan cambiar de idea al igual que a mi sobre el cine de nuestro País: Viridiana, de Luis Buñuel, Hable con ella, de Pedro Almodóvar, Amanece que no es poco, de Jose Luis Cuerda, Mar Adentro, de Alejandro Amenábar, Te doy mis ojos, de Icíarr Bollaín , La lengua de las mariposas, de Jose Luis Cuerda, El laberinto del Fauno, de Guillermo del Toro, El día de la Bestia, de Alex de la Iglesia, Celda 211, de Daniel Monzón, AzuloscuroCasiNegro, de Daniel Sánchez Arévalo. A mi,me han tocado de una forma indescriptible el corazón. 

sábado, 7 de diciembre de 2013

El Origen

No era sábado, era un viernes como otro cualquiera. 

Volvía de la facultad y me encontré con una casa más vacía de lo común, mas fría de lo que solía ser los días de diciembre antes de encender la calefacción. Me quité la ropa lo mas deprisa que pude mientras el frío invadía cada centímetro de mi pálida piel. Me pue un pijama color gris de franela y me até con desdén el pelo en una goma del pelo. 
Minutos más tarde, me encontraba sentada en mi escritorio color nacarado y encendiendo aquel viejo ordenador (a día de hoy totalmente resquebrajado) con una sensación de malestar que llegaba de mi nuca hasta el cóxis. 

Algo no estaba bien, pero yo no quería verlo, prefería engañarme... y así lo hice. Me sumergí dentro de la pantalla del ordenador, sin hacer caso ni al teléfono ni al móvil mas de dos y tres pares de veces... a la cuarta (todavía no entiendo porqué ese número), paré en seco lo que estaba haciendo y respondí de forma inmediata a la llamada de mi madre. Yo no hablaba, solo me dedicaba a  escuchar lo que su voz titubeante y llorosa trataba de decirme mientras que yo a su vez comenzaba a sentir una sensación de de un nudo en mi garganta perforándome por dentro. Sin poder contener las lágrimas, colgué y tiré el teléfono contra el armario empotrado. Mis sospechas se habían confirmado pero yo seguía sin querer creérmelo. 

Busqué en Internet y vi la esquela tu esquela con los ojos llenos de lágrimas. Acto seguido, saqué la ropa negra y la arrojé al suelo, mientras dejaba desplomarse a mi cuerpo encima de la cama como si de una hoja se tratase. Me metí dentro del nódico y comencé a maldecir a todos y cada uno de los parásitos de la sociedad, a cada asesino, a cada impío, a cada pecador. Lloré, lloré mucho. Hasta que mi cabeza casi reventó. 


Y a partir de ahí, fue cuando comencé a madurar. 


lunes, 24 de junio de 2013

Nunca iremos a Nueva York por Navidad

Me levanto todos los dias con la misma necesidad: tragar bocanadas de aire puro, deshacer los nudos que rodean mi tráquea, volver a sentir el aire flotar por mis pulmones. Pero,  ¿Qué pasa cuando respiras y sientes como si te ahogases? ¿Qué ocurre cuando sientes absenta y no aire devorando tus pulmones? ¿Qué pasa cuando no puedes ni quieres volver a respirar?
Mas de medio año después del primer síntoma de esa enfermedad sigo sintiendo ese aroma a absenta puro devorando mi tráquea: un aroma que me inunda y me impide hablar, que me irrita, que me sigue haciendo llorar. 
Sigo negándome, sigo incapaz de ver esta triste realidad, pero cada vez que visito Uria,  la Catedral, la Losa, la Llana del Monte o, fácilmente, ese jodido  hospital: me vuelvo a inundar. Me ahogo,  me vuelvo a desesperar. 
El tiempo sigue pasando, y algún día no muy lejano, podré comprender y aceptar que ya no estarás los sábados esperándome con la paella en la mesa para comer, ni sentada en el taburete mientras te aliso el pelo para irnos a los mercadillos del San Francisco en Navidad, no me dirás enésima vez lo mucho que te gusta oirme cantar,  ni me repetirás (a pesar de estar toda la semana juntas)  "que poco me vienes a ver", nunca iremos a Nueva York en Navidad, ni volveremos al Museo de Pérgamo, ni tampoco a Kurfusterdamm. 
No me dirás lo guapo que "ye Asturies" ni iremos a la manifestación de la Llingua. Y, por último, tampoco podré decirte lo mucho que me duele no poder verte más.